Nacido en Camagüey en 1967, la música es un lenguaje presente en la vida de Eduardo Coma desde su infancia. La genética artística de su familia materna supone un legado ineludible que se remonta al bisabuelo Manuel Hernández, pianista, poeta y pintor. Pero será su abuelo, Jorge Vega, el que dejará en los oídos vírgenes de Eduardo el ritmo acompasado de sus bongós, durante los ensayos que llevaba a cabo en la casa familiar dos veces por semana con su Septeto 1920.

Eduardo es el mediano de tres hermanos. Hijo de un militar que le inculcó la disciplina y que contemplaba la música como un claro ejemplo de disipación, pero también de una madre que alentaba la vocación y corregía con criterio los primeros fraseos erráticos con el instrumento.

Con siete años comienza a estudiar violín, sometiéndose a la extraordinaria exigencia del sistema de las Escuelas Provinciales de Arte, con un academicismo muy influenciado por la nutrida presencia de profesorado ruso. La máxima paterna de la perseverancia le resultará muy útil. Trabaja duro y destaca, obteniendo varios premios nacionales. Recuerda las tardes en las que pedía a su hermana que lo encerrase en uno de los cuartos de baño de la casa –su lugar preferido de ensayo-, únicamente acompañado de su violín, un litro de leche y un bocadillo de tomate con sal. Ese recinto, utilizado como cuarto de castigos cuando los niños hacían alguna travesura, sería muy visitado por Eduardo, que aprovecharía la frecuencia de sus trastadas para fajarse con el instrumento.

El glamour del músico oculta los años de esfuerzo lejos de los focos. La preparación es, sin duda, el elemento que marca la diferencia en la interpretación. Como Eduardo gusta de repetir, “el instrumento necesita de quien lo toca. Mientras más suave tocas, más camina el sonido”. No deja de ser sugerente esa idea del sonido como un caminante del aire. El gran Heifetz diría al respecto: “Si un día no practico, lo noto; si no lo hago dos días, el crítico lo nota; si no lo hago tres días, el público lo nota”.

Coma sigue la estela estética de Serguéi Rachmáninoff y Tchaikovsky, abriendo sus ojos al conocimiento de músicos que constituirán sus referencias fundamentales. Cae así bajo el embrujo de violinistas legendarios como los Oistrach (David e Igor), Itzhak Perlman, Jascha Heifetz (del que recuerda su práctica del ping-pong como medio de esparcimiento, pero también como ejercicio para ganar flexibilidad en la muñeca derecha). Posteriormente, su investigación sensorial lo llevará a sus primeros escarceos con el jazz.
Su referencia inicial en el estilo será Jean Luc Ponti con su “Cosmic Messenger”. Después, la propuesta de maridaje de los dos mundos – clásica y jazz – de Stéphane Grappelli y Yehudi Menuhim acabará por disipar la ancestral reticencia de los intérpretes clásicos respecto a otras disciplinas, producto del descrédito interesado de la música popular.
La natural receptividad de Eduardo y su historia emocional con la música tradicional cubana (la Contradanza, el Son, la Guajira o el Danzón), le dejarán un poso de inquietud y apertura a otras músicas que marcará toda su carrera.

Finaliza sus estudios en el Instituto Superior de Arte de La Habana, donde tiene la ocasión de disfrutar de un fabuloso cuadro de profesores. Pronto comienza a impartir clases como profesor de violín en las Escuelas Vocacionales de Arte de Guantánamo y Camagüey. Es concertino en la Orquesta Sinfónica de Camagüey hasta 1992, año en el que gana una plaza de primer violín en la Camerata Brindis de Salas de La Habana. Esta orquesta reunía en su plantel a lo más granado de los músicos cubanos de Clásica, muchos de ellos egresados por universidades rusas. Posteriormente, ingresa en la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, con la que viajará a España en 1994.

Todos los temas han sido escritos por Eduardo Coma, a excepción de Don Comino (Eduardo Cana) y Sin Retorno (Orestes Urfé).

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Temas
Del tinajón su agua
Marlia
Amor y Humildad
Entre Congas
Don Comino
Martica
Sin retorno
Joropo con limón
Amorosa Guajira
Jorge ́s Bongó

Músicos
Violín: Eduardo Coma
Piano: Pepe Rivero, Sergio Delgado
Contrabajo: Dany Noel
Drums: Christian Delgado
Bongó y percusión: Noelio Rey
Congas y Timbal: Tony Gonzalez
Viola: Raymond Arteaga
Violoncello: Gabriel Tanasescu
Cajón: Miguel Cabana
Clarinete: Paquito D ́Rivera